Como todos los meses, estuvimos en Villa Fiorito compartiendo una merienda caliente con vecinos y vecinas del Potrero de Dios. La actividad, sostenida en el tiempo, busca no solo acompañar con un alimento, sino también fortalecer los lazos comunitarios.
El Potrero, espacio de referencia barrial, vuelve a reunirnos en torno a un gesto simple pero profundo: estar presentes, escuchar, acompañar y construir juntos.
Estas acciones, impulsadas con compromiso y continuidad, refuerzan el valor de la solidaridad como herramienta de transformación social. Seguiremos acompañando cada mes, convencidos de que el encuentro también alimenta.



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